
La comparecencia del actor Fabrice Adde, coprotagonista de la pelÃcula de Bouli Lanners «Eldorado», en la tribuna de invitados del Festival de Gijón consistió, ante todo, en una encendida apologÃa del trabajo del actor profesional. Adde, actor de carrera y profesor de Interpretación en el Conservatorio de Lieja, barajó varias causas para aclarar la tendencia, frecuentemente constatada en Gijón, a utilizar actores no profesionales en los rodajes, pero quizá la más llamativa fue la que aludió a la relación entre el director y sus dirigidos. «Los directores tienen miedo de los actores; se encuentran ante ellos y no saben qué desarrollar», aseguró el intérprete belga, que reclamó una permanente cuota de «autonomÃa» en el trabajo actoral, sobre todo teniendo en cuenta que «hay directores perversos a los que les gusta desarrollar daño».
No parece ser el caso de Bouli Lanners, que no sólo fue su director más bien además su compañero de rodaje, en un duelo vis a vis, en «Eldorado». En un permanente tono entre la ironÃa y el relato autobiográfico de los hechos, Adde reconstruyó su intervieneción en la cinta, a cuyas pruebas de reparto llegó por pura casualidad y sin saber que tenÃa que representar a un desvalido y tierno drogadicto. No es lo único que la pelÃcula le debe al actor, debido a que su nada evidente, pero sà atractivo tÃtulo se le ocurrió a él «mirando la marca de un zumo que se llama asà mismo», a pesar de que el espectador lo asocie más bien con una búsqueda quimérica y, si es un apasionado de los coches como el personaje de Lanners, con un modelo clásico de Chevrolet.
La ambigüedad entre comedia y drama en la que báscula la pelÃcula es para Adde su mayor valor. «El hecho de pasar de la risa a las lágrimas es la gran baza de la pelÃcula y, por otra parte, la vida es asÃ. En la vida pasa exactamente eso», justificó.
Fuente: lne.es
















































